Manuel Franquelo Giner

Manuel Franquelo Giner
Manuel Franquelo Giner
Manuel Franquelo Giner
  • Bacon

  • Layered silicone and pigment. 200x60x1 cm

  • Bacon 1/3 >

Con anterioridad a la producción en cadena, Henry Ford visitó –en repetidas ocasiones- la cadena de fragmentación en los mataderos de Chicago. Fue, no solo a través de la división ordenada del desmembramiento animal, si no en la mirada vacía del trabajador donde pareció otorgarse –no mucho tiempo después- a la alimentación la misma categoría que cualquier otra producción industrial. Luego de la primera y segunda guerra mundial –y en el especial en las culturas del oeste- la carne retomo su papel político. Se institucionalizó, a través del racionamiento, como una forma más de dominación del hombre blanco sobre la mujer y los animales. No sin un método, donde –entre otras estrategias- se hizo participar al ser humano en un enmascaramiento de la realidad sistemático por medio de su propio lenguaje.

Exponer y criticar la lógica que gira en torno al ‘man-sized proportion’ propio de la postguerra supone –no solo para la teoría feminista- si no para la sostenibilidad contemporánea lo que parece ser una necesidad inminente. De forma adicional, una de las diversas problemáticas en la actualidad tiene mucho que ver con una de las formas más perversas de producción: la hiperindustralización de lo biológico. Así bien y como ejemplo que toma la obra, resulta intimidante que el jamón, el queso u otro embutido –en su precio más democratizador- pase a ser una representación verosímil de lo que fue bajo el eslogan “¡Con todo su sabor!”. Lo que finalmente parece sugerir que la hiperproducción en masa de la industria alimentaria no es un sistema de copia y optimización –como parecía ser- sino un sistema de creación en sí mismo donde la representación supera al referente original.

“El sustituto” lo componen una serie de instalaciones donde se muestran diversos embutidos fuera de escala. En todas ellas, se acentúa un hecho tenebroso: la pérdida de equilibrio entre lo viable, lo sostenible y lo natural –para una estabilidad superpoblacional- parece exigir precipitar hacia un vacío plagado de compuestos químicos, procesos de ingeniería e hiperrealidades comestibles que rozan el delirio y lo siniestro.